Gentileza de Agenda de Reflexión agendadereflexion@xxxxxxxxxxxxx
Una creación de Alejandro Pandra pandra@xxxxxxxxxxxxx
No para dar por
pensado,
sino para dar
en qué pensar
Agenda de Reflexión
Número 174, Año II, Buenos Aires, lunes 12
de abril de 2004
Azcuy

Eduardo Antonio Azcuy (1926-1992) nació un 12 de abril, hace 78 años. Poeta, ensayista,
crítico literario, periodista, estudioso del simbolismo en las culturas y de la
tradición mítico-poética occidental, pensador político, produjo más de una
decena de obras publicadas en Buenos Aires, Madrid, Barcelona y Caracas y
numerosos artículos y opúsculos. Original, innovador y creativo, encabezó junto
a Rodolfo Kusch una generación de pensadores de un nivel excepcional, signada
por la reafirmación de la identidad americana, y que supo desnudar los sutiles
mecanismos que intentan fragmentar nuestra cultura, uniformar los
comportamientos y reformular al hombre en términos mecánicos.
Fueron sus obras: Poemas para la hora
grave, Editorial Botella al mar, Buenos Aires, 1952; Poemas existenciales,
Buenos Aires, 1954; Aproximaciones a la poética de Rimbaud, y versión
castellana de Poemas y Los desiertos del amor de Arthur Rimbaud, Editorial
Dintel, Buenos Aires, 1958; El ocultismo y la creación poética (Premio de
Ensayo de la Sociedad Argentina de Escritores), Editorial Sudamericana, Buenos
Aires, 1966 y 2ª edición Monte Avila, Caracas, 1982; Persecución del sol (poesía),
Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1972; El legado extrahumano, A.T.E.,
Barcelona, 1976; Arquetipos y símbolos celestes, Fernando García Cambeiro,
Buenos Aires, 1976; Los dioses en la creación del hombre (o Mitos de la
creación del hombre), en colaboración con Lesly Sánchez, Pomaire, Argentina,
1980; Identidad cultural, ciencia y tecnología. Aportes para un debate
latinoamericano, compilación y prólogo de Eduardo Azcuy, Fernando García
Cambeiro, Buenos Aires, 1987; Kusch y el pensar desde América, compilación y
prólogo de Eduardo Azcuy, idem, 1989; Rimbaud. La rebelión fundamental,
Editorial. Ultimo Reino, Buenos Aires, 1991; Juicio ético a la revolución
tecnológica, Acción Cultural Cristiana, Madrid, 1994; y Asedios a la otra
realidad, Kier, Buenos Aires, 2000.
Hace pocos meses su compañera, la profesora
Graciela Maturo, promovió un brillante homenaje en la Biblioteca Nacional que
resultó magnífico, con la participación de un panel acorde al nivel de Eduardo
Azcuy: Francisco García Bazán, Silvio Maresca, Jorge Antonio Foti, Juan Carlos
Licastro, Ruth Fernández y Hugo Bauzá.
La revolución
científico-tecnológica.
Una visión
desde el pensamiento poético
[Fragmentos]
Por Eduardo Azcuy
en
Identidad cultural. Ciencia y tecnología.
Aportes
para un debate latinoamericano (1987)
Pienso en mi alma: -El hombre que construye a Robot
necesita
primero ser un Robot él mismo,
vale
decir podarse y desvestirse
de
todo su misterio primordial.
[...]
Por lo cual, en presencia de
Robot,
y cuando el pedagogo ya iniciaba
el discurso,
yo le arrojé a la boca
mi puñado de arena.
Leopoldo Marechal, El poema de Robot
El hombre de la modernidad -en gran medida
excéntrico a los valores y a las tradiciones culturales- ha construido una
civilización tecnológica que amenaza homogeneizar a las culturas, desmontar las
ideologías, acallar la política y alienar y oprimir a los pueblos. No se trata,
entonces, aquí, en América del Sur, de modernizar la dependencia, de copiar
servilmente el desarrollo de los poderosos o de confrontarlos mediante
regresiones inviables. Se trata de saber desde qué perspectiva mental vamos a
ser creadores y transformadores. Si vamos a proponer el crecimiento nacional y
la actualización económica siguiendo las pautas de pensamiento y los estilos de
vida que imponen los poderes dominantes o si vamos a impulsar la instauración
de una comunidad activa y novedosa que se compadezca con la geocultura y las
necesidades de los pueblos. Frente al poder transnacional y a su proyecto
autoritario de reordenamiento cultural, proponemos exaltar los
particularismos, la persistencia de las identidades nacionales, la pluralidad
étnica y cultural de las comunidades y su irreductible singularidad. El Nuevo
Mundo posee una cosmovisión religante, poderosos núcleos ético-míticos que es
necesario valorar y posee, asimismo, un componente occidental que permite el
distanciamiento y la reflexión crítica. Contemplación y acción, comunitarismo y
personalismo. En síntesis, América del Sur debe marchar hacia la confederación
de sus naciones, con una visión del mundo que conjugue lo intuitivo y lo
conceptual, que sea simultáneamente mítica y racional, poética e histórica.
Los alcances de la
crisis
La crisis actual es básicamente inédita y
revela características no imaginables en otros períodos históricos. Si bien en
todas las épocas ha habido violencia, guerras, trastornos económicos,
agotamiento de sistemas, ausencia de paradigmas, por primera vez el hombre
posee al alcance de su mano los elementos para acabar con la existencia de la
especie, para tornar infecundo e inhabitable el planeta o bien, desde otra
perspectiva, para despersonalizar, alienar y convertir a sus semejantes en
seres automatizados, implementado superestados totalitarios en la mejor
tradición de las utopías negras de Orwell y Huxley.
Desde la perspectiva antropológica el
hombre de la sociedad tecnificada comienza a vivir un acentuado extrañamiento
de la naturaleza, experimenta la impotencia de construir comunidades
solidarias, colisiona con los poderes instituidos. El extremo cientificismo
empobrece y desmitologiza su vida, amenaza los valores y subordina a su
concepción materialista y tecnocrática, tanto la realidad sociopolítica, como
la ética, el arte y la religión. La gravitación del medio técnico, al margen de
sus aspectos positivos, se vuelve sutilmente contra él: lo presiona, lo
desculturiza, lo conduce a la situación de productor-consumidor y, finalmente,
lo confina detrás de una compleja red de objetos prestigiosos.
En los grandes conglomerados urbanos el
individuo solitario pacta sus derechos con el Estado, se refugia en el consumo
y se allana al estilo de vida que le proponen los medios masivos de
comunicación. Los mass media lo manipulan y lo alienan. La publicidad
omnipresente, la información uniformada, la atracción obsesiva por nuevas
formas de confort, lo reducen a la condición de receptor pasivo de ideologías y
creencias. Esta des-estructuración cultural, esta progresiva
des-espiritualización, se agrava con la pérdida de todo sentido trascendente.
La vida personal, replegada sobre el pequeño bienestar,
indiferente a los graves problemas colectivos, vaciada por la
sumisión al artefacto, se desplaza de lo vital a lo puramente racional
y se proyecta en la dirección excluyente del progreso mecánico.
Desde la perspectiva sociológica la crisis
se revela en el avance sin pausa de la automatización en todos los niveles. En
las últimas décadas la revolución científico-tecnológica crece de la mano del
poder transnacional, alterando cualitativamente el medio ambiente y las
condiciones de vida. El trabajo sufre el embate del ordenador y del robot con
su secuela de desocupación y marginalidad. La acción multiforme de las técnicas
crea nuevos y complejos estímulos sobre el psiquismo humano, rebaja la
capacidad de reflexión, exacerba los estados narcisistas, promueve la imitación
de modelos externos, genera pasividad y sometimiento. El trabajo pasa a ser un
medio de consumir y satisfacer las exigencias creadas por el sistema.
La ética del trabajo se transforma en ética
del consumo. Adviene la reconversión industrial, el trastrueque social, el
reciclaje; se genera un tiempo liberado. Aparece el hombre-después-del-trabajo
y el ocio -la aparente conquista- se convierte en angustia, en soledad vacía,
apenas conjurada por los mensajes de los artilugios. El hombre-objeto, solo,
con escasa capacidad de amor y de solidaridad, disociado y lábil, queda a
merced del autoritarismo en un mundo de suprema objetividad
regido y controlado por el poder transnacional.
La proyección de estos estilos y modelos a
los países dependientes amenaza con fracturas sociales y obliga a
transformaciones compulsivas en las relaciones de producción, de organización y
de consumo. Para gozar de un sistema dinámico de conversión los
pueblos débiles deberán modelizarse de acuerdo con diseños homogéneos y
globales establecidos desde los centros dominantes. La modernización propuesta
requiere ingente ayuda técnica y financiera y, de llevarse a cabo, comporta la
eliminación de los factores que obstaculicen su despliegue, es decir, la
identidad cultural, los modos de vida y de pensamiento, las formas de
organización del espacio social, individual y familiar. En todos los ámbitos,
desde la alimentación y el vestido hasta las actividades del tiempo libre,
deberán difundirse modos de consumo idénticos. [...] Esta lógica de la
uniformización realza ciertas concepciones del conocimiento en detrimento de
otras, impone determinados valores, ya sean de orden estético o ético, propicia
la expansión de ciertos sectores de actividades, alienta algunas formas del
talento y de la sensibilidad e ignora a las demás. Así, quedan relegadas
facetas enteras de la facultad creadora y mutilada la sociedad en su
personalidad específica y en su conformación particular. Sin embargo, la
devoción desmedida y acrítica a la ideología del progreso, el optimismo
irreflexivo o cómplice de ciertas dirigencias, programa la incorporación
irrestricta de lo "nuevo" inevitable. Se propone desvirtuar las
líneas históricas de avance progresivo hacia la autonomía y sustituirlas por
nuevos proyectos dependientes prestigiados por la modernización. La presión
psicológica que el sistema ejerce sobre la mentalidad individual y colectiva
conduce a la paradoja de aceptar como válida -con la vista en el siglo XXI- la
solución semicolonial.
Pero, más allá de las euforias y las
apologías del desarrollo, se agitan, sin duda, los fantasmas de la miseria y la
injusticia. La brecha económica se profundiza entre los estratos sociales, se
acelera el desclasamiento, la reducción del poder obrero, la crisis de los
movimientos autonómicos, de las políticas alternativas y, consecuentemente,
adviene un progresivo desamparo y se engendra la rebeldía y la violencia de los
marginados. Frente a este panorama los países del Tercer Mundo deberán impulsar
líneas de crecimiento integral y equilibrado, orientar los cambios tecnológicos
de acuerdo con proyectos políticos que contemplen mayores grados de autonomía y
privilegien la identidad cultural, la justicia social y el equilibrio
ecológico. Es preciso que los pueblos emergentes sobrevivan en nuevos
escenarios, varíen las estrategias, propongan otro desarrollo,
introduzcan "tecnologías apropiadas" de acuerdo con sus necesidades y
prioridades.
A la tecnología como libertadora del hombre
se opone la tecnología como negación de una existencia auténticamente humana.
Frente al ethos de la comunidad, al modo de comportamiento de un pueblo fundado
en sus valores éticos, estéticos y religiosos, aparece un seudo ethos de
autonomía y dominio que se encarna paradigmáticamente en el fenómeno del cambio
tecnológico.
Angustiado por el creciente malestar que
despierta la civilización cibernética, el hombre ha comenzado a marchar por un
estrecho desfiladero. En un mundo cuya población crece a razón de casi mil
millones de habitantes por década, la tecnología no propone como objetivo
prioritario alcanzar una equitativa distribución de la riqueza. Por el
contrario, contribuye a incrementar los arsenales y a fomentar intolerables
diferencias. En Japón, primer país donde los servicios de prostitución han sido
computarizados y se ofrecen través de las pantallas televisivas, ya se difunden
sugestivas leyendas:
¿Por qué y para qué perseguimos un mundo artificial?
¿Qué vida nos aguarda en medio de las máquinas?
¿A dónde nos conduce la expansión indefinida?
Ante estas perspectivas sombrías, el hombre
deberá reflexionar y tratar de recomponer la ruptura. Es imperativo no
disolverse en el presente, en la despersonalización, en la novedad sin raíces.
Reactivar los valores exige potenciar desde nuevas dimensiones la identidad, el
arte, la vida espiritual. De no avanzar por esa vía hominizadora la equívoca
fascinación por lo mecánico provocará la entrega irreflexiva a un medio técnico
todopoderoso, abierto a la opresión económica, el totalitarismo político ya la
declinación de la vida.
[...]
Cambio tecnológico y totalitarismo
Esa tensión hacia una nueva cultura
tecnológica cuyo centro expansivo, contradictorio y poliforme se plasma en los
Estados Unidos, aparece para gran parte de las dirigencias del Tercer Mundo
como un salto cualitativo inevitable. Fascinadas por la modernización,
por las supuestas ventajas que supone el acoplarse como segmento dependiente a
la gran empresa del poder cibermático, los hombres razonables y adultos
prosiguen su marcha hacia la eficiencia y el consumo, motejando de románticos
en busca de la gloria a los grupos que, por vías alternativas,
propugnan para sus países mayores grados de autonomía económica y política.
En los centros urbanos del mundo
periférico, los medios de comunicación masiva condicionados por poderes
exógenos, crean densas atmósferas de consenso a favor del modelo
que propone integrarnos a la ciencia standard del hemisferio Norte. El llamado reordenamiento
cultural planetario, la tarea sistemática de despersonalizar la cultura
para conformar legiones de consumidores pasivos, funciona sin pausa y proyecta
su poder disolvente desde las más imprevistas perspectivas.
La TV educativa, la enseñanza por medio de
computadoras, los textos uniformes, son formas dulces pero eficaces del lento
lavado de cerebro que se ejerce sobre los pueblos. La TV comercial se revela
más adecuada para inducir estados hipnóticos que para estimular procesos de
aprendizaje consciente. Suprime y reemplaza la imaginería creativa del
espectador; desorienta el sentido del tiempo, del lugar y la historia; unifica
a las multitudes dentro de su encuadre; incorpora al espectador en una realidad
artificial y acelera su alienación de la naturaleza; limita y confina la comprensión;
crea las condiciones sociales que conducen a la autocracia; rediseña las mentes
y subordina a los seres humanos a un severo poder de control manipulado por una
élite político-tecnológica. Estos condicionamientos son básicos para la
implantación de nuevas realidades y apuntan a la instauración de dictaduras
blandas al servicio del poder transnacional.
Tanto en los países centrales como en las
urbes del Tercer Mundo, los gestores del universo cibernético soslayan los
graves problemas socio-económicos que aquejan a más de las tres cuartas partes
del planeta y hablan de postcivilización y posthominización. Propugnan la
superación de los problemas apelando a los ordenadores ya la inteligencia
artificial. Las computadoras serán los ilotas y la automatización realizará la
producción necesaria para la subsistencia y la comodidad material. El
proletariado y los antagonismos sociales se reducirán casi hasta desaparecer en
términos económicos. -El hombre quedará por fin liberado del trabajo
mecánico y podrá dedicarse al trabajo mental, artístico, creativo; a estudiar,
investigar, dialogar, pasear, contemplar, hacer el amor, inventar... La
abundancia pondrá a la raza humana a las puertas de un cambio decisivo en la
forma de vida. La pondrá otra vez literalmente ante las puertas del Paraíso.
[...] Estos discursos, repetidos durante más de una década,
persisten en la actualidad despojados de sus connotaciones optimistas. La
revolución post-industrial ha mostrado su verdadero rostro a los países en
proceso de desarrollo. Ya no es la panacea que se derrama generosa sobre el
mundo. Es un poder transnacional frío e inapelable que succiona los magros
recursos de los pueblos débiles y vuelca su tecnología de punta hacia el
armamentismo, las técnicas de control social, la manipulación del mercado y el
falseamiento de los procesos democráticos, a partir del monopolio de todo
el suelo cultural, de la fabricación del consenso y del uso arbitrario
de la información. Resulta difícil comprender cómo las clases medias e intelectuales
de los países en desarrollo no advierten el trasfondo totalitario de la
modernización sin matices. Los elementos opresivos están a la vista y sólo
falta el momento en que todo ese parque de sofisticada tecnología se transforme
en un agobiante sistema de control.
Minoritario, racista y temeroso de la
respuesta anárquica y violenta de las comunidades oprimidas, el sector
hegemónico elabora alternativas militares para hacer frente al
caos. Las dirigencias imperiales y sus capatacías del hemisferio Sur,
estructuran opciones para contener la previsible protesta. La
superpoblación, la miseria, el analfabetismo y la desnutrición no se
compatibilizan con el ocio y el hedonismo de los centros de alto consumo.
Frente a esta realidad [...] no hay sociedad tecnológica privilegiada, [...]
sino una aventura de poder planetario cuyo desenlace no está escrito en ninguna
parte: es la aventura de una humanidad desorientada frente a los productos de
su propio genio.
[...]
Visión poética y concepción
científica
La visión poética del mundo, fundamento de
todas las culturas, fue perdiendo consenso en Occidente, en tanto se acentuaba,
a partir del siglo XV, la concepción filosófico-científica elaborada por el
pensamiento moderno. La ruptura entre el mythos y el logos, entre lo real y lo
conocido, no dejó de profundizarse y la modernidad racionalista creó pautas
inapelables y paradigmas excluyentes. El mundo civilizado impuso entonces su
poder militar y económico y paralelamente sus estatutos culturales. Desde esa
perspectiva etnocéntrica, el hombre blanco se negó a parangonar los distintos
universos culturales y las diferentes formas de comportamiento existencial. Su
orgullo racista lo impulsó a civilizar a los bárbaros
no-occidentales ejerciendo un desembozado imperialismo epistemológico.
Aún hoy, el Occidente se resiste, sobre
todo en sus manifestaciones neopositivistas, a admitir el principio de
pluralidad de las formas culturales. En el pensamiento poético no advierte más
que retraso, dogmatismo, disvalor, o en el mejor de los casos un ejercicio
compensatorio. Pretende ignorar que las culturas poseen núcleos originarios de
sentido, que el sustrato mítico-simbólico conforma una realidad insoslayable.
Que el hombre sin más posee capacidades de aprehensión que han sido en gran
medida domeñadas por la hipertrofia de un modo peculiar de organizar la
realidad. Quienes relevan estos hechos y describen las actitudes cognitivas de
las distintas sociedades, a partir de una comprensión no prejuiciada, señalan
la primacía alternativa de dos modos de conocimiento determinados por la mayor
o menor gravitación de lo intuitivo o lo conceptual. El universo de las
culturas es, sin ninguna duda, pluridimensional y toda interpretación reductiva
o represiva que exalte una forma de pensamiento a la condición de esencia o
matriz de cualquier otra, como pretende la modernidad, se convierte en una
gestión autoritaria y compulsiva.
[...] La visión poética es básicamente participante (con la
naturaleza, con los otros hombres, con los núcleos de sentido) y al intentar
abarcarla en términos socio-históricos podría señalarse que, en gran medida,
impregna la mentalidad de los pueblos no-occidentales. La concepción
causal-mecánica es aislacionista (diferenciada ante la naturaleza,
individualista frente a los otros, negadora de la trascendencia) y distingue
principalmente la actitud mental de los países desarrollados del hemisferio
Norte. Esto no quiere decir que la visión poética no se manifieste y exprese de
mil maneras en el ámbito occidental ni tampoco que el pensamiento racionalista
no gravite y se afiance especialmente a partir de la expansión imperial europea
en vastas regiones del Tercer Mundo. Los matices son infinitos y los esquemas
son siempre riesgosos, pero tomando la debida distancia, lo advertible es que
la manera de intuir el mundo otorga sentido al entramado cultural, estructura
la vida del hombre y orienta su actividad en el mundo. En realidad esta doble
postura epistemológica es la central en la historia. O el hombre es un ser
trascendente que "participa" en el universo vivo, abierto a múltiples
dimensiones (de ahí su libertad y su capacidad de opción) o el hombre es un
mero factor social, agónico y finito que transita la horizontalidad de una
historia mecánica. Esta situación es clave en el enfrentamiento que
protagonizan el Norte y el Sur; el Occidente moderno y los pueblos de culturas
no-occidentales o parcialmente occidentales. La raíz de esta divergencia, más
profunda que lo técnico, lo económico o lo geográfico, radica, básicamente, en
la oposición de ambas perspectivas del mundo. De acuerdo con cada una de ellas
el entramado cultural genera alternativas y propone distintos estilos y,
consecuentemente, diferentes emergentes políticos.
En términos generales y sintetizando lo
expresado, es posible señalar que el hombre de la modernidad posee una visión fría,
que tiende a interponer entre el sujeto y la realidad la retícula de un
sistema adquirido de ideas. Su lectura de lo real, a la que pretende
cualitativamente superior y hegemónica, es causalista, fragmentaria y
reductiva. Separa y distingue, Describe lo real-conocido, se expresa mediante
un lenguaje supuestamente objetivo. En gran medida se mueve en
función de delineaciones, definiciones y delimitaciones construidas por los
acuerdos consentidos. Permanece instalado en las coordenadas espacio-temporales
impuestas por las fronteras biológicas. Su pensamiento des-anima
el mundo, única forma de dominarlo. Su deseo no es participar,
sino distanciarse y poseer. Avanza hacia la objetividad ilimitada
por el camino de la mecanización.
En las sociedades no-occidentales, más allá
del nivel de conciencia ordinario, prevalece una visión cálida
que asedia a lo real-desconocido, intenta describirlo mediante un lenguaje
simbólico y genera la certeza en un universo vivo, interconectado por
correspondencias sutiles, por lazos vitales de orden cualitativo. Esta
disposición aprehensiva facilita la apertura hacia lo continuo,
hacia los significados-raíces y apunta a una comprensión más amplia y totalizadora
del mundo. Es el camino del asombro, de la poesía, del arte.
[...]
Ciencia abierta y reduccionismo
científico
La visión política del mundo rechazada y
soslayada por la soberbia iluminista permanece y se afianza no sólo en los
pueblos del hemisferio Sur, sino en vastos sectores de los países centrales.
Frente al monopolio ejercido por la ciencia oficial o académica se alzan voces
rebeldes que aceptan nuevos significados, proponen nuevas aperturas y elaboran
valiosos apuntes para una ciencia postmoderna. El poeta se enfrenta al robot en
múltiples instancias y confronta, asimismo, en los máximos niveles de
indagación científica. La mentalidad racionalista, rígida y excluyente, cuyo
fruto final es la búsqueda de la inteligencia artificial, no parece advertir
que el consenso, de que goza se asienta en pautas en gran medida autoritarias.
Lo poético, lo arcaico, lo aparentemente superado, retorna de la
mano de eminentes estudiosos y se apresta a dirimir supremacías.
[...]
Juicio ético a la modernización tecnológica
[...] Frente a este cuadro perverso, al que
ciertas dirigencias pretenden ignorar o relativizar, es preciso encarar un
replanteo profundo de los proyectos de modernización acríticos o cómplices:
extremar los recaudos para un desarrollo adecuado y avanzar impulsando procesos
que concentren el mayor potencial de creatividad en función de una
actualización efectiva que sepa reinterpretar la tradición que extrae de ella
sus dimensiones creadoras. Esta ambición supone un esfuerzo de renovación de
las normas y prácticas sociales, mediante la movilización de las tradiciones
culturales y productivas y de los valores estéticos y morales que podrán
permitir a la comunidad recibir el progreso sin traicionarse. El bien común, la
solidaridad, la memoria colectiva, el destino, están ligados al mantenimiento
de esa armonía que subyace en los pueblos. Afirmar la identidad cultural
significa oponerse al deterioro, sostener criterios autónomos, generar la
necesaria dinámica interna para sustituir los artificios de la modernización
mimética por los valores de una actualización creativa.
Reorientar el
proceso de cambio:
La
actualización creativa
Confrontados con este programa, los países en
vías de desarrollo, y más concretamente las comunidades que integran el
subcontinente latinoamericano, enfrentan el grave problema de conservar la
identidad cultural y al mismo tiempo ser receptivos a las transformaciones
-susceptibles de ser incorporadas- que opera la modernidad. La mayor parte de
la dirigencia política y cultural, sin atender a prevenciones ni reparos,
presenta al desarrollo tecnológico como el inevitable referente del progreso.
Pero, ¿hasta qué punto un país del hemisferio Sur, separado por brechas
insalvables de los países desarrollados, debe correr tras inasibles tecnologías
de punta para insertarse como segmento dependiente en la gran maquinaria del
poder transnacional? Los modelos propuestos por Occidente, provengan del Oeste
o del Este, comportan futuros similares. Existen, sin embargo, otras líneas de
acumulación de experiencia, otros progresos posibles, por ejemplo el progreso
político, la conciencia cultural, el crecimiento de la conciencia social y del
poder político de los pueblos, el desarrollo interior, la búsqueda del Hombre
Nuevo.
Habrá que definir nuevos objetivos, adoptar
nuevas actitudes con respecto al dinero y al éxito social, reaccionar contra la
regimentación y la uniformización, construir un modernismo propio en función de
un hombre integrado; formular un insoslayable proyecto nacional. Si el progreso
y la modernización que se nos pretende imponer es el producto de
una sociedad mercantil competitiva, basada en el lucro, la explotación de los
pueblos débiles y el saqueo de la naturaleza, América Latina debería reorientar
la marcha de los cambios colocando las categorías y los métodos al servicio de
un proyecto político capaz de transformar las relaciones entre los hombres y de
los hombres con la naturaleza. Es preciso elaborar un modelo propio alterando
el sistema axiológico de la sociedad tecnocrática. Como dice Carlos Fuentes,
América Latina posee una profunda continuidad cultural, una vitalidad
ininterrumpida.
Sin el conocimiento de esta tradición,
corremos el riesgo de convertirnos en el basurero del dispendio industrial.
Recibimos series de televisión obsoletas, tecnología obsoleta, armas obsoletas
e ideas económicas obsoletas en generosa abundancia, pero a muy altos
precios... La tradición es un conocimiento propio que permite escoger sin miedo
lo mejor o lo más útil de otras culturas y enriquecernos con ellas. Sin la
cultura de la tradición, careceríamos de la tradición de la cultura: seríamos
huérfanos de la imaginación. Una nueva creación se funda en una tradición
viviente. Una cultura que no puede acoger la cultura viva de los otros, es una
cultura moribunda. Pero una cultura que sólo recibe el detritus de una cultura
decadente sólo puede responder con su propia cultura viva [Carlos Fuentes, Las
culturas, portadoras de la vida posible, en Unidos, Año III, Nº 7/8, Buenos
Aires, diciembre de 1985, pp. 248-249].
América Latina, desintegrada por intereses
imperiales, lacerada por deudas externas opresivas, por estructuras económicas
abiertas a la pluridependencia, subordinada e inficionada por pautas culturales
exógenas, parecería marchar hacia una regulada mediocridad. Sus dirigencias,
sobre un piso político en crisis, ajeno a la verdadera emancipación, exaltan
una democracia de clase, observan las reglas de juego del dominio
imperial y especulan sobre la modernización y la entrada en el siglo XXI con
palabras grandilocuentes. Han perdido la capacidad de formular nuevos modelos
de sociedad, nuevos modelos de avance, modos alternativos que, al superar los
esquemas formales, abran accesos a mayores grados de autonomía.
Entretanto los países hegemónicos y el
poder transnacional transfieren sus crisis a la periferia, exportan modelos de
desarrollo y elaboran nuevas y más sofisticadas formas de sometimiento. Sus
aparatos de inducción colectiva, sus tecnologías comunicacionales de control y
consenso, inciden sobre la opinión global e inficionan a las comunidades
generando actitudes de aceptación, exaltación, animadversión o conformismo. La
batalla contra el sentido y la identidad cultural se halla en pleno desarrollo.
La agresión a la historia, a la memoria, al sujeto, se ejerce desde tribunas
prestigiosas. El pensamiento neocolonial, disfrazado de "nueva
democracia"; la ideología de la resignación, mimetizada de clubes
socialistas, se abroquelan en las universidades y proponen la
instauración conservadora en el marco de la revolución tecnológica.
Sólo el pueblo, dueño de su memoria, podrá
ser el sujeto histórico de un auténtico desarrollo. -El pueblo -decía
Leopoldo Marechal- recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes
de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que
parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa
memoria. Sólo así podremos oponernos a la disolución y a la pérdida de
nuestro destino. El progreso verdadero no marcha en el sentido de la
cosificación del hombre, sino en el de su hominización progresiva. .El
futuro [...] debe ser un futuro en que cada hombre, cada mujer, puedan ser
personas capaces de verse a sí mismas y ser vistas por sus hijos como seres
reales, no como engranajes en vastas máquinas o como material de relleno en
procesos automatizados.
Sin identidad, sin pensamiento situado, sin
proyecto político, no sólo no podremos acceder a lo universal, sino que, en el
mejor de los casos, seremos un conglomerado abstracto de consumidores
satisfechos. La opción que se presenta para nosotros, latinoamericanos, en este
impredecible final de siglo es entre el conformismo y el riesgo, entre el
modernismo mimético y la actualización creativa, entre la resignación y la utopía.
Eduardo Azcuy, 1987
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¡ Brindo por las alianzas fraternales de pueblos, continentes y
destinos. Brindo por una america capaz de abatir a las bandas imperiales !
Raúl Gonzales Tuñon.
-Yo sé que es triste recordar a los amigos muertos, los
viejos compañeros,que eran mas jóvenes que el alba.Pero vale la pena esta
alegría de no olvidar, de ganarles a nuestros enemigos /este combate final y
desparejo.. (Marcelo Vernet)
-Con la
resistencia no alcanza, sin contraataque no hay victoria
( John William Cooke)
-El peor enemigo de la revolucion es el burgués que muchos
revolucionarios llevan adentro (Mao Tse Tung)
Mientras luchan por separado, son vencidos juntos. (Tácito)
El problema no es que es lo que piensa el enemigo, el verdadero
problema es que piensa el enemigo en nuestra propia cabeza (Ricardo Hector Micotiz)
Tendremos
que arrepentirnos en esta generación, no tanto de las malas acciones de la
gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena...(Martin Luther King)
Malvinas, más argentinas
que nunca
No
se olviden de Cabezas, Oesterheld y Walsh
-Nadie está obligado a cooperar en su propia pérdida o en su
propia esclavitud, la Desobediencia Civil es un derecho imprescriptible de todo
ciudadano.
(Mahatma Ghandi)
-Coco,
la guerra ya esta ganada, solo hay que tomar la colina de los gansos
(Mauricio Prelooker)
Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que
hay otra historia, la verdadera. (Eduardo Mignogna)
Honrar
la deuda externa...la deuda ¿es honrada? (Clemente/Caloi/ Carlos Loizeau)
El litro peronista no entra en una botella
( Armando Molina )
El poder es nuestro, lo hemos
delegado. Debemos recuperarlo, por la iniciativa creadora de cada uno.
(Bernardo Lischinsky)
- O se está con la Patria y contra la deuda
externa, o se está con la
deuda externa
y contra los intereses del país². (Alejandro Olmos)
-La economía nunca ha sido libre: o la controla el Estado en
beneficio del Pueblo o lo hacen los grandes consorcios en perjuicio de éste.(Juan
Domingo Perón)
-Cuando veas a un gigante, examina antes la posición del sol, no
vaya a ser
la sombra de un enano FiedrichL.
Freiherr
von Hardenberg, Novalis) (
El hoy no es un ayer en falsa
escuadra. (Raul Barreiros)
Patria te han tira´o al a´ujero y te
tenemos que sacar (Santa Revuelta)
-Asi la quiero Eulogia, ¡retobada! (Inodoro Pereyra/Roberto
Fontanarrosa)
Mi
unico heredero es el Pueblo (Juan Domingo Peron)
Debemos
saldar la historia de nuestra identidad con nuestros cuatro abuelos: El abuelo
indigena, el abuelo negro, el español y el inmigrante arabe, polaco, italiano o
de las demas inmigraciones. (Hugo Chumbita)
-Si me llega a pasar algo, no pidan por
mi, pidan por todos (Jorge Di Pascuale)
³Hay momentos en que el pueblo sintetiza en la acción los
pasajes más significativos de su historia. (Agustín Tosco).
- La
historia parece propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las
otras cosas (Rodolfo Walsh)
-Tenemos que crear las instituciones en
que la función del vigilante sea meter la finanza en vereda para que no lastime
la libertad del pueblo. (Arturo Jauretche)
-En deportes, nuestro pueblo demuestra que es
inteligente y latino. Gusta de lo espectacular; busca el arte. Con sólo haber
hecho del fútbol una predilección evidencia la calidad de su inteligencia. (Ricardo Lorenzo Borocotó).
-El Estado brota de abajo, de la muchedumbre, y es casi
una redención, una creación del pueblo solidario. (Raul Scalabrini Ortiz)
-Yo me esfuerzo en descubrir cómo hacer
una señal a mis compañeros (...), cómo decir a tiempo una simple palabra, una
contraseña, como hacen los conspiradores: unámonos, mantengámonos estrechamente
unidos, fusionemos nuestros corazones, creemos un solo cerebro y corazón para
la Tierra, demos un significado humano al sobrehumano combate. (Nikos Kasantzakis) .
-Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el
resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa. (Mahatma Ghandi)
-Alli donde vaya el movimiento nacional,
ira mi corazon (Alejandro Dolina)
-No
pasaran, ¡no pasaran!, ¡NO PASARAN! (Jose Tchercawski)
-Podran arrancar mil flores, pero no podran detener la primavera. (German Abdala).
-No estamos contra nada ni contra nadie, sino con todos y para el
bien de todos.
(Hipólito Yrigoyen)
-El unico heroe valido, es el heroe en grupo, nunca el heroe
individual, el héroe solo.
(Hector German Oesterheld)
-Al penetrante grito de la patria, todos debemos
ser uno (Jose Artigas)
-El hombre no encuentra su
patria sino allí donde no es extranjero
y en donde su dignidad humana no sufre... (Felipe Varela)
- Nuestra patria dejara de ser
colonia, o la bandera flameara sobre sus ruinas.(Eva Peron)
La patria es un peligro que florece (Leopóldo Marechal)
-El destino de nuestra Revolución nacionalista está indisolublemente
unido
al destino de esa patria común que es Latinoamérica (General
Juan Velasco Alvarado)
-El colapso del marxismo no debe ser considerado como el triunfo del
sistema capitalista liberal...América latina ha de reafirmar su identidad desde
sus raíces genuinas,
para la construcción de una sociedad solidaria, más justa. (Juan Pablo II )
En esta tierra lo mejor que tenemos es el pueblo (20 verdades peronistas)
Estaría dispuesto a entregar mi vida por
la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica. (Ernesto «Che»
Guevara)
Brindo por una América capaz de abatir a las bandas imperiales,
cuando se una
en la cruz de los senderos camino a la segunda libertad. (Raul Gonzalez Tuñon)
La
Patria es la América (Simon Bolivar)
-Por los clamores que con generalidad han
llegado al cielo, en el nombre del Dios Todopoderoso, ordenamos y mandamos que
ninguna de las personas dichas, paguen ni obedezca en cosa alguna a los
ministros europeos intrusos...
(Tupac Amaru)
-Ningún país puede pensar en desarrollarse
sobre bases coloniales (
Arturo Illia)
Cuando
la Patria esta en peligro, todo esta permitido, excepto, no defenderla
(Jose
de San Martin)